Lenin: 1914: Sobre el Derecho de las naciones a la autodeterminación.
6. LA SEPARACIÓN DE NORUEGA DE SUECIA
Rosa Luxemburgo toma precisamente este ejemplo y razona sobre él del modo siguiente:
"El último acontecimiento que se ha producido en la historia de las relaciones federativas, la separación de Noruega de Suecia --que en su tiempo se apresuró a comentar la prensa social-patriota polaca (véase Naprzód de Cracovia) como una reconfortante manifestación de la fuerza y del carácter progresivo de las aspiraciones a la separación estatal--, se ha convertido inmediatamente en prueba fulminante de que el federalismo y la separación estatal que de él resulta no son en modo alguno expresión de progresividad ni de democracia. Después de la llamada "revolución" noruega, que consistió en destronar y hacer salir de Noruega al rey de Suecia, los noruegos eligieron tranquilamente otro rey, tras haber rechazado formalmente, por plebiscito popular, el proyecto de instauración de la República. Lo que los adoradores superficiales de toda clase de movimientos nacionales y de todo lo que se asemeja a independencia proclamaron como "revolución", era una simple manifestación del particularismo campesino y pequeñoburgués, un deseo de tener por su dinero un rey "propio", en lugar del rey impuesto por la aristocracia sueca; era, por tanto, un movimiento que no tenía absolutamente nada de común con el espíritu revolucionario. Al mismo tiempo, esta historia de la ruptura de la unión sueco-noruega ha vuelto a demostrar hasta qué punto, también en este caso, la federación que había existido hasta aquel momento no era sino la expresión de intereses puramente dinásticos y, por tanto, una forma de monarquismo y de reacción. (Przegld).
¡Esto es literalmente todo lo que dice Rosa Luxemburgo sobre este punto!! Y preciso es reconocer que será difícil poner de manifiesto la impotencia de su posición con más relieve que lo ha hecho Rosa Luxemburgo en el ejemplo que aducimos. La cuestión consistía y consiste en si la socialdemocracia necesita, en un Estado abigarrado desde el punto de vista nacional, un programa que reconozca el derecho a la autodeterminación o a la separación. ¿Qué nos dice sobre esta cuestión el ejemplo de Noruega, escogido por la misma Rosa Luxemburgo? Nuestra autora da vueltas y más vueltas, lanza agudezas y arma ruido contra Naprzód, ¡¡pero no responde a la cuestión!! Rosa Luxemburgo habla de lo que se quiera, ¡¡con tal de no decir ni una palabra del fondo de la cuestión!! Es indudable que los pequeños burgueses de Noruega, que han querido tener rey propio por su dinero y que han hecho fracasar en plebiscito popular el proyecto de instauración de la República, han puesto de manifiesto cualidades pequeñoburguesas bastante malas. Es indudable que Naprzód, puesto que no lo ha notado, ha mostrado cualidades igualmente malas e igualmente pequeñoburguesas.
Pero, ¿¿a qué viene todo esto?? ¡Porque de lo que se trataba era del derecho de las naciones a la autodeterminación y de la actitud del proletariado socialista ante ese derecho! ¿Por qué, pues, Rosa Luxemburgo no responde a la cuestión, sino que da vueltas y más vueltas en torno a ella? Dicen que para el ratón no hay fiera más terrible que el gato. Para Rosa Luxemburgo, por lo visto, no hay fiera más terrible que los "fraks". "Frak" es el nombre que se da en lenguaje popular al "Partido Socialista Polaco", a la llamada fracción revolucionaria, y el periodiquillo de Cracovia Naprzód comparte las ideas de esta "fracción". La lucha de Rosa Luxemburgo contra el nacionalismo de esa "fracción" ha cegado hasta tal punto a nuestra autora, que todo desaparece de su horizonte a excepción de Naprzód. Si Naprzód dice: "sí", Rosa Luxemburgo se considera en el sagrado deber de proclamar inmediatamente "no", sin pensar en lo más mínimo que, con semejante procedimiento, lo que demuestra no es su independencia de Naprzód, sino precisamente todo lo contrario, su divertida dependencia de los "fraks", su incapacidad de ver las cosas desde un punto de vista algo más amplio y profundo que el punto de vista del hormiguero de Cracovia. Naprzód, desde luego, es muy malo y no es en absoluto un órgano marxista, pero eso no debe impedirnos analizar a fondo el ejemplo de Noruega, una vez que lo hemos aducido.
Para analizar este ejemplo al modo marxista, no debemos pararnos en las malas cualidades de los muy terribles "fraks", sino, en primer lugar, en las particularidades históricas concretas de la separación de Noruega de Suecia, y, en segundo lugar, ver cuáles fueron las tareas del proletariado de ambos países durante esta separación.
Noruega está ligada a Suecia por lazos geográficos, económicos y lingüísticos, no menos estrechos que los lazos que unen a muchas naciones eslavas no rusas a los rusos. Pero la unión de Noruega con Suecia no era voluntaria, de modo que Rosa Luxemburgo habla de "federación" completamente en vano, sencillamente porque no sabe qué decir. A Noruega la entregaron a Suecia los monarcas en la época de las guerras napoleónicas contra la voluntad de los noruegos, y los suecos debieron llevar a Noruega tropas para sometérsela.
Después de esto, durante largos decenios, a pesar de la autonomía extraordinariamente amplia de que gozaba Noruega (Dieta propia, etc.), había constantes roces entre Noruega y Suecia, y los noruegos procuraban con todas sus fuerzas sacudiese el yugo de la aristocracia sueca. En agosto de 1905, se sacudieron por fin de él: la Dieta noruega decidió que el rey de Suecia dejaba de ser rey de Noruega, y el referéndum celebrado más tarde, la votación del pueblo noruego, dio una aplastante mayoría de votos (cerca de 200 mil, contra algunos centenares) a favor de la completa separación de Suecia. Los suecos, después de algunas vacilaciones, se conformaron con el hecho de la separación.
Este ejemplo nos muestra sobre qué base son posibles y se producen casos de separación de naciones en el marco de las relaciones económicas y políticas contemporáneas, y qué forma toma a veces la separación en un ambiente de libertad política y de democracia.
Ni un solo socialdemócrata, si no se decide a declarar que le son indiferentes las cuestiones de la libertad política y de la democracia (y en tal caso, naturalmente, dejarla de ser socialdemócrata), podrá negar que este ejemplo demuestra de hecho que los obreros conscientes tienen la obligación de desarrollar una labor sistemática de propaganda y de preparación a fin de que los posibles choques motivados por la separación de naciones se resuelvan tan sólo como se han resuelto en 1905 entre Noruega y Suecia y no "al modo ruso". Esto es precisamente lo que expresa la reivindicación programática de reconocer el derecho de las naciones a la autodeterminación. Y Rosa Luxemburgo, ante un hecho desagradable para su teoría, ha tenido que escudarse con temibles arremetidas contra el filisteísmo de los pequeños burgueses noruegos y contra el Naprzód de Cracovia, porque comprende perfectamente hasta qué punto desmiente de un modo irrevocable ese hecho histórico sus frases, según las cuales el derecho a la autodeterminación de las naciones es una "utopía", equivale al derecho "a comer en plato de oro", etc. Semejantes frases sólo expresan una fe deplorablemente fatua, oportunista, en la inmutabilidad de la correlación de fuerzas dada entre las nacionalidades de la Europa Oriental.
Prosigamos. En el problema de la autodeterminación de las naciones, como en cualquier otro, a nosotros nos interesa, ante todo y sobre todo, la autodeterminación del proletariado en el seno de las naciones. Rosa Luxemburgo ha dejado modestamente a un lado también este problema, comprendiendo cuán desagradable resulta para su "teoría" examinarlo en el aducido ejemplo de Noruega.
¿Cuál fue y debió ser la posición del proletariado noruego y sueco en el conflicto motivado por la separación? Los obreros conscientes de Noruega, desde luego, hubieran votado después de la separación por la República 4, y si hubo socialistas que votaron de otro modo esto sólo demuestra cuánto oportunismo obtuso, pequeñoburgués, hay a veces en el socialismo europeo. Sobre esto no puede haber dos criterios y sólo nos referimos a este punto porque Rosa Luxemburgo intenta velar el fondo de la cuestión con disquisiciones que no son del tema. No sabemos si, en lo que se refiere a la separación, el programa socialista noruego obligaba a los socialdemócratas noruegos a atenerse a un criterio determinado. Supongamos que no, que los socialistas noruegos dejaron en suspenso la cuestión de hasta qué punto era suficiente para la libre lucha de clases la autonomía de Noruega y hasta qué punto frenaban la libertad de su vida económica los eternos rozamientos y conflictos con la aristocracia sueca. Pero es indiscutible que el proletariado noruego debía haber ido contra esa aristocracia, por una democracia campesina noruega (aun con toda la estrechez de miras pequeñoburguesas de esta última).
¿Y el proletariado sueco? Sabido es que los terratenientes suecos, apoyados por el clero sueco, predicaban la guerra contra Noruega, y como Noruega es mucho más débil que Suecia, como ya había sufrido una invasión sueca, como la aristocracia sueca tiene un pese muy considerable en su país, esta prédica era una amenaza muy seria. Puede asegurarse que los Kokoshkin suecos corrompieron larga y empeñadamente a las masas suecas exhortándolas a "proceder con prudencia" en lo referente a las "fórmulas elásticas de la autodeterminación política de las naciones", pintándoles los peligros de "disgregación del Estado" y asegurándoles que la "libertad popular" es compatible con los principios de la aristocracia sueca. No cabe la menor duda de que la socialdemocracia sueca habría hecho traición a la causa del socialismo y a la causa de la democracia si no hubiera luchado con todas sus fuerzas contra la ideología y contra la política, tanto de los terratenientes como de los Kokoshkin, si no hubiera propugnado, además de la igualdad de las naciones en general (igualdad que también reconocen los Kokoshkin), el derecho de las naciones a la autodeterminación, la libertad de separación de Noruega.
La estrecha unión de los obreros noruegos y suecos, su plena solidaridad de camaradas de clase, ganaban al reconocer de este modo los obreros suecos el derecho de los noruegos a la separación. Porque los obreros noruegos se convencían de que los obreros suecos no estaban inficionados de nacionalismo sueco, de que la fraternidad con los proletarios noruegos estaba, para ellos, por encima de los privilegios de la burguesía y de la aristocracia suecas. La ruptura de los lazos impuestos a Noruega por los monarcas europeos y los aristócratas suecos ha fortalecido los lazos entre los obreros suecos y noruegos. Los obreros suecos han demostrado que, a través de todas las peripecias de la política burguesa -¡bajo las relaciones burguesas es perfectamente posible que renazca la sumisión de los noruegos a los suecos por la fuerza!-, sabrán mantener y defender la completa igualdad de derechos y la solidaridad de clase de los obreros de ambas naciones en la lucha tanto contra la burguesía sueca como contra la noruega.
De aquí se infiere, entre otras cosas, cuán poco fundados y sencillamente incluso faltos de seriedad son los intentos que a veces hacen los "fraks" de "aprovechar" nuestras divergencias con Rosa Luxemburgo en contra de la socialdemocracia polaca. Los "fraks" no constituyen un partido proletario, socialista, sino un partido nacionalista pequeñoburgués, una especie de social-revolucionarios polacos. Nunca se ha hablado ni pudo hablarse de ninguna unidad de los socialdemócratas de Rusia con este partido. En cambio, ni un solo socialdemócrata de Rusia "se ha arrepentido" alguna vez de acercarse y unirse a los socialdemócratas polacos. A la socialdemocracia polaca le corresponde el gran mérito histórico de haber creado por primera vez en Polonia un partido efectivamente marxista, efectivamente proletario, en una Polonia penetrada hasta la médula de aspiraciones y apasionamientos nacionalistas. Pero este mérito de los socialdemócratas polacos es un gran mérito no porque Rosa Luxemburgo haya dicho toda clase de absurdos contra el § 9 del programa marxista de Rusia, sino a pesar de esa lamentable circunstancia.
Para los socialdemócratas polacos, naturalmente, no tiene el "derecho a la autodeterminación" la misma gran importancia que para los rusos. Es perfectamente comprensible que la lucha contra la pequeña burguesía de Polonia, cegada por el nacionalismo, haya obligado a los socialdemócratas polacos a "forzar la nota" con particular empeño (a veces quizá un poco exagerado). Ni un solo marxista de Rusia ha pensado nunca en acusar a los socialdemócratas polacos de estar en contra de la separación de Polonia. Estos socialdemócratas no cometen un error sino cuando, a semejanza de Rosa Luxemburgo, intentan negar la necesidad de que en el programa de los marxistas de Rusia se reconozca el derecho a la autodeterminación.
En el fondo, esto significa trasladar relaciones, comprensibles desde el punto de vista del horizonte de Cracovia, a la escala de todos los pueblos y naciones de Rusia y, entre ellos, de los rusos. Esto significa ser "nacionalistas polacos al revés", y no socialdemócratas de Rusia, internacionalistas.
Porque la socialdemocracia internacional ocupa precisamente la posición de reconocer el derecho de las naciones a la autodeterminación. Ahora pasamos a esto.
7. LA DECISIÓN DEL CONGRESO INTERNACIONAL DE LONDRES EN 1896
(4) Si la mayoría de la nación noruega estaba por la monarquía y el proletariado por la República, al proletariado noruego,
hablando en general, se le abrían dos caminos; o la revolución, si estaban maduras las condiciones para ella, o la sumisión a
la mayoría y una larga labor de propaganda y agitación.
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